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Uno Punto Cinco presenta en webinar el informe Estado de la electrificación en Chile 2026 y advierte que el desafío está en el consumo

14 de octubre de 2026
Uno Punto Cinco presenta en webinar el informe Estado de la electrificación en Chile 2026 y advierte que el desafío está en el consumo

Chile ha avanzado en la incorporación de energías renovables a su matriz de generación eléctrica. Sin embargo, el desafío de los próximos años es trasladar ese avance al consumo final, acelerando la electrificación de sectores como el transporte, la industria y los hogares.

Con ese objetivo, este miércoles 14 de octubre, ONG Uno Punto Cinco realizó el webinar “El desafío de la electrificación en Chile: Miradas hacia la meta global del 35% al 2035”, organizado en conjunto con Ember. La actividad buscó abrir una conversación sobre los desafíos que enfrenta el país para avanzar hacia la meta global de alcanzar un 35% de electrificación del consumo energético al 2035.

La jornada comenzó con una presentación sobre el panorama internacional de la electrificación, a cargo de Wilmar Suárez, analista sénior de Energía para Latinoamérica de Ember. Luego, Benjamín Carvajal, director ejecutivo de Uno Punto Cinco, presentó los principales hallazgos del informe Estado de la electrificación en Chile 2026

Los desafíos de electrificar el consumo energético

El informe identifica una paradoja en la transición energética chilena: el país es líder en generación eléctrica renovable, pero aún no logra trasladar esa ventaja al consumo. Dos de cada tres kilovatios-hora generados en Chile provienen de fuentes renovables, el doble del promedio mundial. Sin embargo, la electricidad representa apenas el 22,3% del consumo final de energía, una proporción similar a la media global. Como resultado, solo el 15,5% de la energía consumida en el país corresponde a electricidad renovable.

Esta brecha también se refleja en la evolución del consumo energético. Según el estudio, durante los últimos 14 años la electricidad no ha reemplazado a los combustibles fósiles, sino que su consumo ha crecido junto con ellos. Así, buena parte de la nueva demanda energética del país continúa dependiendo de la combustión.

Por eso, el informe plantea que el desafío no está únicamente en generar energía limpia, sino también en impulsar su uso en los distintos sectores. La expansión de las energías renovables no basta si la electricidad no llega a los vehículos, las calderas y los sistemas de calefacción.

A esto se suma que el liderazgo renovable no está garantizado. En 2025, la sequía redujo la generación hidroeléctrica y el sistema volvió a recurrir en mayor medida al carbón y al gas. Esto provocó un aumento de la generación térmica por primera vez desde 2019. Mientras las centrales fósiles sigan disponibles y el almacenamiento sea insuficiente, la matriz eléctrica continuará expuesta a los efectos de los años secos.

Una electrificación desigual entre sectores

El avance de la electrificación también varía considerablemente entre sectores. El informe muestra que la minería lidera este proceso, con cerca de la mitad de su consumo energético proveniente de la electricidad. Su progreso durante la última década ha estado impulsado por factores económicos, como la disponibilidad de contratos eléctricos competitivos y una matriz de generación cada vez más renovable.

La situación es distinta en la industria, donde la electrificación ha avanzado poco. Una parte importante de la energía que utiliza este sector se destina a producir calor para procesos como la generación de vapor, el secado y el calentamiento de materiales. Sustituir los combustibles utilizados en estas actividades representa uno de los principales desafíos para avanzar hacia una producción más electrificada.

En los hogares, una de las principales barreras es el uso de leña para calefacción. Cerca de la mitad de las familias chilenas la utiliza, una proporción que supera los tres cuartos en la zona centro-sur. Además de dificultar la electrificación residencial, su combustión contribuye a la contaminación del aire, cuyo impacto social se estima en cerca de 4.800 muertes prematuras al año.

Por el peso del consumo residencial en la demanda energética nacional, el informe advierte que avanzar en la electrificación de los hogares podría tener un impacto comparable al de electrificar toda la industria.

El transporte, en tanto, concentra la mayor brecha: es el sector que más energía consume y depende casi por completo de los combustibles fósiles. Sin embargo, también demuestra el potencial de las políticas públicas cuando existen objetivos claros. El sistema RED de Santiago cuenta con más de 4.000 buses eléctricos y se ha convertido en una de las mayores flotas de transporte público eléctrico fuera de China. En contraste, la incorporación de vehículos eléctricos al parque automotor general sigue siendo incipiente.

Precios, seguridad del suministro y falta de una meta nacional

Además de las diferencias entre sectores, el estudio identifica condiciones del sistema eléctrico que pueden dificultar la electrificación. Una de ellas es la diferencia entre los precios que pagan las grandes empresas y los hogares. Mientras las primeras pueden negociar contratos directamente y acceder a precios competitivos, los hogares están sujetos a tarifas reguladas que reflejan contratos suscritos en años anteriores y que pueden resultar más elevados.

La confiabilidad del suministro es otro aspecto clave. En 2025, cada cliente registró, en promedio, cerca de 21 horas de interrupción del servicio eléctrico. Esta situación adquiere especial relevancia cuando la calefacción, la cocina y el transporte dependen de la red, ya que la continuidad del suministro es una condición necesaria para avanzar en la electrificación.

El informe también revisó 19 instrumentos de política pública y concluyó que Chile aún no cuenta con una política de electrificación propiamente tal. Aunque existen planes que mencionan esta transformación, ninguno establece una meta sobre la proporción del consumo energético que debería cubrirse con electricidad, ni a nivel nacional ni por sector.

Esto responde, en parte, al diseño de la política climática chilena, centrada en la reducción de emisiones, donde la electrificación aparece como una posible vía para alcanzar ese objetivo, pero no como una meta en sí misma. De acuerdo con el estudio, ni siquiera el escenario más optimista de la planificación energética oficial permite alcanzar el objetivo global del 35% de electrificación al 2035.

Frente a este escenario, Uno Punto Cinco propone tres cambios para acelerar el proceso. El primero es establecer una meta nacional de electrificación, con objetivos específicos por sector al 2035. El segundo es fortalecer la coordinación entre ministerios, incorporando la planificación de la demanda energética y no solo de la oferta. El tercero es mejorar la información disponible, mediante la medición y publicación anual de la tasa de electrificación nacional y sectorial.

“La electrificación es una vía para la transición, pero también una estrategia de desarrollo país, porque va a reducir nuestros gastos en combustibles fósiles y nuestra dependencia, no solo en lo económico, sino también en lo geopolítico. Sobre todo, va a proteger a Chile de los precios de los combustibles. Además, va a limpiar el aire de nuestras ciudades y, por ende, va a mejorar nuestra salud”, señaló.

Transporte, minería e industria: perspectivas para avanzar

La actividad continuó con un panel multisectorial moderado por Fernanda Varela, de Agencia Pólux, que reunió a María Teresa Ruiz-Tagle, directora ejecutiva de CLG Chile; Ignacio Rivas, director de Programas del Centro de Movilidad Sostenible; y Jorge Cáceres, director ejecutivo del Centro de Medioambiente y Energía de SOFOFA.

Desde la perspectiva del transporte, Ignacio Rivas planteó que, pese a las brechas pendientes, ya existen avances concretos. En Santiago circulan cerca de 4.500 buses eléctricos, que representan más del 70% de la flota, mientras que las ventas de vehículos eléctricos e híbridos enchufables superan el 7% del mercado durante este año. También destacó el crecimiento de los camiones eléctricos.

Rivas agregó que la forma de medir el consumo energético puede influir en cómo se interpreta el avance de la electrificación. Mientras un vehículo a combustión pierde cerca del 65% de la energía que consume, uno eléctrico pierde alrededor del 10%. Esta diferencia de eficiencia hace que las estadísticas basadas en energía final no reflejen por completo las ventajas de la movilidad eléctrica. Según explicó, actualmente existen esfuerzos para mejorar estos indicadores.

El representante del Centro de Movilidad Sostenible también destacó que el desafío va más allá del transporte urbano. En la minería, cerca de la mitad del consumo energético todavía depende del diésel, lo que abre nuevas oportunidades para sustituir combustibles por electricidad.

Precisamente sobre este sector, María Teresa Ruiz-Tagle señaló que la incorporación de energías renovables ha avanzado cuando representa una alternativa económicamente conveniente para las empresas. Sin embargo, advirtió que la minería ha comenzado por los procesos más fáciles de electrificar y que los siguientes pasos requerirán nuevas tecnologías y más tiempo de desarrollo.

La viabilidad de electrificar el transporte dentro de las faenas también depende de las características de cada operación. A esto se suma la necesidad de contar con redes de transmisión capaces de responder al aumento de la demanda eléctrica.

Por su parte, Jorge Cáceres sostuvo que la electrificación es un desafío presente en las empresas agrupadas en SOFOFA, aunque las diferencias entre los procesos productivos requieren soluciones específicas para cada industria.

El director ejecutivo del Centro de Medioambiente y Energía de SOFOFA también destacó los avances en la descarbonización de la matriz eléctrica. Según indicó, la salida de centrales a carbón evitó más de 17 millones de toneladas de CO₂, un resultado relevante por la magnitud del cambio y el tiempo en que se concretó.

Respecto de la electrificación industrial, Cáceres subrayó el papel que cumplen las exigencias ambientales, incluidas las metas de contaminación, en la transformación de los procesos productivos. A su juicio, uno de los principales desafíos es encontrar un equilibrio entre regulación e incentivos que permita avanzar hacia una industria más electrificada.